Archivo de la categoría: Recomendaciones y consejos

El número de la Seguridad Social

Uno de los datos que os pedimos al rellenar la ficha es vuestro DNI y número de la Seguridad Social, con la advertencia de que no son imprescindibles pero sí necesarios si queréis trabajar. Muchos de vosotros no tenéis ese número, no lo conocéis o bien decidís no ponerlo. A nosotros nos facilita la tarea de las altas sin necesidad de pedirlo al estar ya en nuestra base de datos. Pero en ocasiones nos encontramos con que, en lugar del número de la Seguridad Social, nos ponéis el número sanitario, comenzando por AN, o incluso el número de alguna aseguradora privada en la que estáis con vuestros padres.

El número de la Seguridad Social identifica al ciudadano en sus relaciones con la Seguridad Social. Este número se convierte en número de afiliación en el momento en que se comienza una relación laboral. Cada español tiene uno, es personal, vitalicio, gratuito, no compromete a nada y con validez en todo el territorio nacional. Pero, sobre todo, es imprescindible para empezar a trabajar. Lo podéis encontrar en antiguas nóminas, en contratos, prestaciones o en la propia tarjeta. Para el que no lo tenga os aconsejamos que contactéis con la Tesorería General de la Seguridad Social para conocer el vuestro. Puede ocurrir que no lo tengáis justo cuando os llamemos para un trabajo y ya no haya tiempo para solicitar uno y acabéis perdiendo la oportunidad de trabajar.

Al no tener ningún coste y ser imprescindible para trabajar, en cualquier empleo, os aconsejamos pedirlo y así poderlo facilitar a cualquier empresa que os quiera contratar. Por ejemplo, la nuestra.

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Compañerismo y trabajo en equipo

Nuestra profesión requiere saber trabajar en equipo. Lo habitual es que el trabajo se realice al menos en pareja y por eso es importante saberse coordinar, tomar la iniciativa pero también saber ceder en los momentos necesarios.
La buena coordinación y el trabajo en equipo se transmiten inmediatamente al cliente y crean muy buenas sensaciones.
Pero para eso es importante que cada uno ponga de su parte. Para trabajar en equipo no es necesario ser amigos, ni siquiera caerse bien, lo importante es tener claro que trabajamos con el mismo fin: hacer de nuestra tarea un gran éxito.
En ocasiones hay que ser humilde y dejar a otros más experimentados, con determinadas habilidades o apariencia ciertos puestos que nos gustarían, pero que sabemos que otros pueden desarrollar mejor. En otras, hay que dar un paso adelante y ofrecerse voluntario para desarrollar cualquier tarea.
Siempre es importante apoyar al compañero menos experimentado o más inseguro, aconsejarle o mostrarle cómo hacerlo. Nunca hay que ver al compañero como un posible competidor que si aprende nos va a quitar el puesto. Todo lo contrario, el buen compañero, generoso, amable y eficaz siempre es elegido para los trabajos porque es garantía de éxito.
También hay que saber hablar con aquellos compañeros más perezosos, indolentes o que están todo el tiempo protestando por algo, aquellos a los que te apetece preguntar ¿por qué has aceptado este trabajo si solo sabes poner pegas? E incluso si crees que su actitud puede acabar perjudicando el resultado final de todo el equipo tener la sinceridad de transmitirlo a la coordinadora para que tome las medidas oportunas. No se trata de que un buen compañero “no se chiva” sino que un buen compañero tiene que procurar que todos trabajen coordinados.
Nosotros nos sentimos muy afortunados con la buenísima actitud de todas nuestras azafatas y azafatos. Al momento parece que se conocen de toda la vida, están sonrientes y dispuestos, se muestran voluntarios para hacer cualquier tarea y entienden bien que hay que distribuirlas entre todos. De hecho, no nos hemos encontrado nunca con ningún conflicto que si nos cuentan que tienen en otros trabajos. Nos gusta por eso ocuparnos personalmente de la selección, estar atentos a las necesidades de cada una de las azafatas, conocer bien sus cualidades para poder distribuir mejor las tareas, tranquilizar al que está más nervioso, informar de las tareas a realizar, supervisarlas sobre el terreno para estar seguros de que se han comprendido. Pero nada de esto sería posible sin la colaboración de nuestras azafatas/os, sin su buena disposición y su interés en hacer del trabajo de todos y cada uno de los miembros del equipo el mejor trabajo posible.

La primera impresión

¿Cuántas oportunidades tenemos de causar una primera impresión?

Ya sabemos que solo una.

Y ¿por qué cuando esa primera impresión la ofrecemos a través de un correo electrónico ponemos tan poco cuidado?

Para nosotros es muy habitual recibir correos electrónicos en los que nos envían el Cv sin siquiera un mensaje, el documento adjunto se puede llamar “este es el que valeokok” y venga sin foto, por poner por caso.

¿Cuál es la primera impresión que recibimos?: “nos manda este Cv a nosotros como se lo puede mandar al Banco de Santander.  No sé si casi mejor que trabaje en el Banco de Santander”

O bien, recibimos un Curriculum con un  mensaje genérico que nos dice que  aspira a cualquier puesto en la empresa, a formar parte de la empresa, o a desarrollar una carrera en la misma. Y nuestra duda es: ¿quiere trabajar de azafata o dirigir la empresa? Y nos damos cuenta, de nuevo, que hemos sido uno más en el correo masivo de hoy, a ver si hay suerte.

Seguramente os frustre no recibir respuesta a vuestros correos, pero es que ese correo masivo (a veces con las direcciones de correo a la vista) ha despertado ningún interés en las empresas que lo reciben. Cómo vas a demostrar que eres una buena trabajadora (o trabajador) entregada, con ganas, si cuando te estás presentando ni siquiera muestras un mínimo de esfuerzo e interés.

Has perdido la oportunidad de causar una buena impresión.

A pesar de ello, entendemos la juventud e inexperiencia e intentamos responderos a todos y daros la oportunidad de mejorar esa primera impresión y os pedimos una carta de presentación, que nos habléis de vosotros, que nos contéis vuestro interés en ser azafatas o vuestra experiencia, nos adjuntéis  fotografías o rellenéis una ficha.

La respuesta:

1.- Fichas incompletas, faltan medidas, faltan datos.

2.- Fotografías recortadas,  con más gente, o delante de una pared, que parece que os están haciendo la ficha policial. Aunque de esto ya hablamos en otra entrada.

3.- Carta de presentación: en ocasiones son muy sinceras “quiero trabajar para ganarme un dinero mientras estudio” (bien por ti, pero sigue faltando un interés real por este trabajo) o igualmente es una carta tipo en la que no hay ningún aporte personal. Que lo mismo sirve para pedir trabajo de ingeniero químico que de azafata.

Lo que queremos es saber tu experiencia, si la tienes en otros trabajos de azafata, que nos cuentes qué te gustó de trabajar, si fue positivo, o por qué no.

Y si nunca has trabajado de azafata, seguro que hay algo por lo que crees que te gustaría desarrollar ese trabajo: me gustan los uniformes, trabajar en equipo, las nuevas experiencias, estar con la gente… soy de esta manera (…) y creo que podría hacer bien este trabajo. Es sencillo, muchas de vosotras no habéis trabajado nunca y es normal que solo os sintáis atraída sin saber si finalmente este trabajo va a ser lo que piensas. Se trata solamente de daros a conocer un poco.

No olvidéis que cada día recibimos muchas candidaturas y que solamente hay una oportunidad para causar esa primera impresión, que te abra las puertas de causar una segunda.

Por eso os aconsejamos un breve correo de presentación, nada de un correo en blanco con Cv adjunto, un Cv con fotografía y datos y buenas fotografías de cara y cuerpo entero, esas que pensemos que mejor nos identifican. No la de hace tres años cuando tenía el pelo corto, no la de la boda de mi primo con mi grupo de amigas, no todo el book que me ha hecho mi amigo el fotógrafo. Actuales, reales, variadas, que nos muestren cómo eres y cómo puedes llegar a ser en tus distintas facetas: trabajando, de diario, de modelo, pelo recogido, suelto.

Por último, no queremos dejar de mencionar los correos que más nos sorprenden, esos en los que el que aspira a un trabajo nos pide que le expliquemos en qué consiste nuestra empresa, qué hacemos, cómo lo hacemos…para ver si les interesamos. O bien nos mandan un correo electrónico para pedirnos una dirección de correo electrónico para mandarnos un correo con el Cv.

Con este objetivo estamos en Facebook, tenemos un blog y procuramos estar en contacto con vosotros; con un poquito de investigación seguro que encontráis la respuesta.

Afortunadamente, muchos de vosotros seguís nuestros consejos, mandáis buenas fotos, os presentáis al mandar el Cv y nos transmitís entusiasmo, interés y ganas. Y os lo agradecemos.

Pero para algunos, no está de más recordar que solo hay una oportunidad de causar la primera impresión. No la desaproveches.curriculum-vitae-008-864x400_c

 

Acogimiento

Cuando nos contratan en un acto para recibir a los invitados, controlar las listas de entrada y acomodar a los asistentes, debemos de ser muy conscientes de nuestra actitud como azafatas.

La azafata ha de tener una actitud de acogimiento. Debe de recibir al invitado con calidez y amabilidad, siendo esa primera sonrisa, esa primera actitud la que hace que el invitado empiece a disfrutar del evento.

La azafata que controla la puerta nunca debe ser un “portero de discoteca” ni un vigilante de seguridad. Para nosotras todos son invitados, incluso los que viene sin invitación, incluso los que manifiestamente se quieren “colar”.  Si no están en la lista o no tienen invitación debemos de comprobar que no trata de ningún error y si realmente no han sido invitados, nos dirigiremos a ellos de la manera más amable posible informándoles de que es un evento privado, que lamentablemente no está en la lista o que se dirija a la persona que le invitó. No se trata de dar lecciones y además si se trata de un error, hemos sido lo suficientemente amables para que el invitado no se sienta ofendido.  Que su frase sea siempre “la azafata ha sido muy amable”.

Utilicemos siempre un lenguaje amable y educado, un tono suave, a eso ayuda siempre la sonrisa. Todos sabemos que si tenemos una sonrisa en la cara el tono de voz que nos saldrá será siempre mucho más cordial. ¿Habéis oído hablar de la sonrisa telefónica? Se usa en telemarketing. El consejo es: antes de descolgar el teléfono sonríe, ya verás como el tono de voz es mucho más amable y cálido. Igual en persona.

Después llega ese momento de la aglomeración, que no damos abasto. Igualmente se puede ser eficaz, rápida y diligente sin perder la calma ni nuestro tono amable. ¿Me permite su invitación, me dice su nombre por favor, me permite que le acompañe, le muestro su asiento? Todas las frases dichas en ese tono amable y cálido que relaje cualquier situación.

Tratemos a todos con la misma amabilidad, ya sabemos que los de protocolo, los organizadores, el cliente se pone más nervioso con las autoridades,  jefes o invitados principales. Nosotros no nos debemos dejar llevar por esos nervios; probablemente de esas personas habrá más gente dispuesta a ocuparse, así que debemos seguir atendiendo a nuestros invitados con la misma consideración que si fuera el invitado principal.

La prepotencia hay que dejarla en casa. El invitado humilde, algo perdido, que asiste a su primer evento importante. A ese nos dirigiremos ofreciéndole nuestra ayuda pero sin hacerle sentir “paleto”. Sí, nosotras hemos hecho esto muchas veces  y nos causa cierto sonrojo el que llega perdido, dos horas antes con su “señora” y sin saber a dónde dirigirse. Nada de sentirnos superiores. Con la misma amabilidad y consideración y haciéndole sentirse un invitado más.

Y con el invitado prepotente, que esto ya lo ha vivido mil veces, que se conoce su sitio, que quiere entrar antes, que se sienta solo, que es poco agradable y considerado con las azafatas; pues a ese con mucha mano izquierda hay que tratarle amablemente y no contagiarse de su mal humor ni darle lecciones. No estamos para eso.

Estamos para acoger. Para que lo primero que vea un invitado al llegar a un evento no sea una cara bonita, sino una persona que quiere hacerle su estancia más agradable, que quiere darle la bienvenida, que se sienta cómodo, que ese rato pueda ser relajado y tranquilo y para disfrutar.

Pensemos en las azafatas de vuelo con las que compartimos nombre. Pensemos en las que nos gustan. Nos esperan en la puerta del avión con una sonrisa, con un bienvenido. Como  si fuéramos el único pasajero a bordo y entráramos en nuestro avión privado. Ya en ese momento nos hacen sentir más seguros. Y si colaboran en acomodar nuestro equipaje de mano, nos ofrecen bebidas con una sonrisa, atienden nuestras dudas con amabilidad, resuelven nuestros problemas (enlaces de vuelos, puertas de embarque) con eficacia; sin duda habrán hecho nuestro viaje mucho más agradable. Pensemos sin embargo en esa azafata “siesa” que te riñe por colocar el equipaje, que te dice ásperamente que eso no lo puedes poner ahí, que ordena poner la mesita plegada…

En nuestras manos está elegir quién queremos ser. Y no tenemos ninguna duda de que vosotras – y nosotros- queremos que seáis la azafata que haga de cualquier acto o evento ese en el que cuando se vayan a casa se molesten en decirte: “gracias” y su comentario sea “qué azafatas tan agradables”.

 

De azafatas, tatuajes y piercings

En ocasiones, nos llevamos la sorpresa que esa niña tan mona que apareció el día de la entrevista, resulta que al ponerse el uniforme, no deja de ser mona, pero luce un llamativo tatuaje en brazos o piernas.
O que se presenta a trabajar con un piercings en la lengua, nariz o ceja.
Y entonces nos preguntamos ¿es compatible el trabajo de azafata con los tatuajes o piercings?
El trabajo de azafata es un trabajo de imagen. No importa si estamos repartiendo folletos, trabajando en una promoción o en un congreso. En todo momento somos la imagen de la marca, de la empresa para la que estamos trabajando y, siempre, somos la imagen de la agencia de azafatas que nos contrata.
En algunos trabajos a la azafata se le proporciona un uniforme en el que figura el logo de la empresa en la camiseta, sudadera o gorra. En otras, el uniforme completo es suministrado por la marca para una determinada acción y en otras va vestida simplemente con un uniforme que pertenece a la agencia. Pero en todas las ocasiones se pide a la azafata que se “libre” de otros detalles que pueden distraer de la imagen que se quiera dar: pendientes discretos, sin bisutería, maquillaje y uñas discretas… de tal manera que no hagan “competencia”, por decir de alguna manera, a la marca que representamos y por resultar lo más neutras posibles. En estos casos, no vemos tampoco compatible llevar un tatuaje visible. De la misma manera que no te cuelgas grandes pulseras o pendientes.
En otras ocasiones es posible, porque la marca esté asociada a gente más joven, un estilo más moderno o porque al cliente le resulte indiferente, que el tatuaje no solo no sea un problema sino que incluso sea bienvenido.
Pero siempre es importante avisar previamente de que se tiene un tatuaje (excepto que no sea visible con ningún uniforme) porque no hay nada menos agradable que contar con una azafata y que con el uniforme de manga corta o pantalón corto descubras un llamativo tatuaje que no habías percibido en la entrevista. Y más aún cuando ese uniforme se lleva a algún evento institucional y con un elegante traje de cóctel negro aparece en el brazo un tatuaje o se adivine debajo de las medias.
Por eso nuestra recomendación es: mejor no llevar tatuajes y si se tienen, siempre indicarlo si pueden llegar a ser visibles, y no solo en la entrevista sino incluso antes de cada contratación.
En cuanto a los piercings, mejor no llevarlos mientras se está trabajando. Por mucho que uno prefiera su imagen con piercing (ya que para eso se lo ha hecho) en esos momentos de trabajo prevalece la imagen de la marca sobre nuestra propia imagen.
¿Qué opináis vosotros? ¿Sin mi tatuaje, muero?
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LA ENTREVISTA

En muchas ocasiones a las azafatas se las convoca a trabajar sin pasar una entrevista personal, basta con enviar el Cv, buenas fotos y una entrevista telefónica.
A nosotros nos gusta entrevistaros y conoceros antes. A veces también los clientes quieren conoceros antes de una selección. Así qué ¿cómo debemos reaccionar ante una entrevista?
Lo primero que tenemos que saber es que en una entrevista nos estamos “vendiendo” nosotras mismas. Es una primera –y a veces única- oportunidad de darnos a conocer, de demostrar que valemos, que nos interesa este trabajo, que nos consideramos capaces de hacerlo.
Desde mi experiencia personal, hay varios puntos a tener en cuenta:
- Puntualidad: ya hemos insistido en ello. Si no llegamos puntuales siquiera a la entrevista, cómo vamos a convencer de que seremos puntuales en el trabajo.
- Desenvoltura: “me he perdido, no sabía dónde era, estoy en otra calle”. Igualmente nos está indicando una posible falta de interés. Aunque tengas que ir a una cita en tu misma ciudad, asegúrate de saber dónde es, de buscarla en el mapa, de no confundirte de calle. Por supuesto que esto no significa que pierdas la oportunidad de conseguir un trabajo, pero entre dos candidatas, la que ha llegado a tiempo y ha estudiado el recorrido muestra un interés y una desenvoltura que le da, sin duda, muchos puntos.
- Imagen: la entrevista para azafata es distinta a si optas a otro puesto profesional. Indudablemente la imagen siempre es importante, pero para nosotras es una primera oportunidad de mostrar nuestra mejor cara, que sabemos maquillarnos, arreglarnos y sacar lo mejor de nosotras mismas. El pelo cuidado y como creamos que más nos favorece. Uñas cuidadas, pendientes pequeños…el aspecto que se suele pedir a una azafata. Ese día elegimos lentillas en lugar de gafas, si es que usamos ambas.
- Ropa: igualmente es recomendable llevar ropa que nos destaque: colorido, formas…lo que no significa ir enseñando. Unos tacones que muestren nuestra forma de caminar, una falda que muestre nuestras piernas, por ejemplo. Discretas pero favorecidas.
- En la entrevista hay que mostrar que una sabe expresarse, opinar, compartir experiencias –sin necesidad de contar todos los trabajos que se han hecho- pero sí quizá comentar cómo reaccionó en esta u otra ocasión. A veces esa reacción no nos parece la más correcta pero nos puede servir para saber si la candidata cuenta con recursos, si sabe cómo actuar ante las dificultades.
- Una escucha activa, estar atentas y demostrarlo con los comentarios, no preguntar lo que ya se le ha comentado. A veces en las entrevistas hablamos de un posible trabajo, pero no es el briefing, es quizá más importante demostrar que una puede hacer ese trabajo, que se muestra cómoda, que sabe desarrollarlo que salir de la entrevista con todos los detalles sobre el trabajo a realizar, que seguramente se le comentará cuando haya terminado la selección.
- Demostrar ganas, entusiasmo, capacidad. Aunque no se tenga experiencia si lo que una desea es ganarla trabajando lo mejor es demostrar que ha entendido lo que se espera de ella, que ha prestado suficiente atención a lo que se le está explicando y que tiene las suficientes ganas de aprender y hacerlo bien como para sortear cualquier obstáculo. No pasa nada por ser sincera y mostrar los temores a desarrollar bien alguna de las tareas que se nos encomiendan, si una cree que no está suficientemente capacitada para una de ellas –por ejemplo en relación con los idiomas-puede perfectamente hacer bien otras.
- Lenguaje corporal: sabemos que nuestros gestos nos delatan. Una postura relajada, sonreír, mirar a la cara, ser naturales.
Realmente a nosotros lo que nos interesa es tener jóvenes con ganas de trabajar, de aprender, de hacer las cosas bien. Para eso no hace falta experiencia sino interés y ganas. Nos gusta que os lo paséis bien en el trabajo, que disfrutéis con lo que estáis haciendo y que compartáis las experiencias con nosotros.

¿Quiénes son las autoridades? 2ª parte

Como azafatas nos pueden llamar para trabajar en distintos tipos de actos y eventos. En todos debemos poner lo mejor de nosotras mismas y a todos debemos acudir con suficiente información previa y preparación sobre el acto en el que vamos a intervenir.
Entre otros, nos pueden contratar para actos oficiales, que son aquellos que organizan las instituciones públicas ( por ejemplo la Entrega de Premios Cortes de Cádiz) ; o bien actos privados (por ejemplo, la Entrega de Premios de La Voz de Cádiz). Con toda seguridad a ambos actos acudirán autoridades, aunque el protocolo en uno u otro acto será distinto, lo que veremos en otra entrada.
Como ya comentamos, una buena azafata debe de conocer a todas las autoridades que suelen acudir a estos actos, para poder reconocerlos y acompañarlos a su asiento con agilidad.
Ya vimos en la entrada anterior quiénes eran algunas de esas autoridades de acuerdo con la estructura territorial del Estado. Para no complicarnos, hablaremos sobre las autoridades que nos solemos encontrar habitualmente en un acto en Cádiz;  los que suelen estar en las listas de protocolo, para entendernos.
Sobre algunos ya hablamos en la entrada anterior:
– Subdelegado del Gobierno (del gobierno central): D. Javier de Torre
– Subdelegado de Defensa: D. Vicente Pablo Ortells
– Delegado del Gobierno (de la Junta de Andalucía): D. Fernando López Gil
– Presidente de la Diputación de Cádiz: D. José Loaiza
– Alcalde/sa, Tenientes de Alcalde, Concejales (dependiendo de la localidad), en Cádiz: Dña. Teófila Martínez.
Pero además, nos encontraremos a estas otras autoridades, algunos vienen uniformados por lo que será más fácil reconocerlas:
– Almirante de la Flota: Almirante Santiago Bolíbar
– Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz: Coronel Alfonso Rodríguez Castillo
– Jefe provincial del Cuerpo Nacional de Policía: D. Manuel Bouzas
– Presidente del Tribunal Superior de Justicia: D. Lorenzo del Río
– Presidente de la Audiencia Provincial: D. Manuel Estrella
– Rector de la Universidad: D. Eduardo González Mazo.
– Obispo de Cádiz y Ceuta: D. Rafael Zornoza
Las personas que ocupan estos cargos suelen cambiar a lo largo del tiempo, por lo que conviene estar al tanto de las noticias e informaciones o consultarlo justo antes del acto o evento.
Con esta información, seguro que vamos mucho más tranquilas a trabajar y nos quedaremos con la satisfacción de no haber metido la pata y haber hecho nuestro trabajo de la mejor manera posible.