Archivo de la etiqueta: azafatas de vuelo

Acogimiento

Cuando nos contratan en un acto para recibir a los invitados, controlar las listas de entrada y acomodar a los asistentes, debemos de ser muy conscientes de nuestra actitud como azafatas.

La azafata ha de tener una actitud de acogimiento. Debe de recibir al invitado con calidez y amabilidad, siendo esa primera sonrisa, esa primera actitud la que hace que el invitado empiece a disfrutar del evento.

La azafata que controla la puerta nunca debe ser un “portero de discoteca” ni un vigilante de seguridad. Para nosotras todos son invitados, incluso los que viene sin invitación, incluso los que manifiestamente se quieren “colar”.  Si no están en la lista o no tienen invitación debemos de comprobar que no trata de ningún error y si realmente no han sido invitados, nos dirigiremos a ellos de la manera más amable posible informándoles de que es un evento privado, que lamentablemente no está en la lista o que se dirija a la persona que le invitó. No se trata de dar lecciones y además si se trata de un error, hemos sido lo suficientemente amables para que el invitado no se sienta ofendido.  Que su frase sea siempre “la azafata ha sido muy amable”.

Utilicemos siempre un lenguaje amable y educado, un tono suave, a eso ayuda siempre la sonrisa. Todos sabemos que si tenemos una sonrisa en la cara el tono de voz que nos saldrá será siempre mucho más cordial. ¿Habéis oído hablar de la sonrisa telefónica? Se usa en telemarketing. El consejo es: antes de descolgar el teléfono sonríe, ya verás como el tono de voz es mucho más amable y cálido. Igual en persona.

Después llega ese momento de la aglomeración, que no damos abasto. Igualmente se puede ser eficaz, rápida y diligente sin perder la calma ni nuestro tono amable. ¿Me permite su invitación, me dice su nombre por favor, me permite que le acompañe, le muestro su asiento? Todas las frases dichas en ese tono amable y cálido que relaje cualquier situación.

Tratemos a todos con la misma amabilidad, ya sabemos que los de protocolo, los organizadores, el cliente se pone más nervioso con las autoridades,  jefes o invitados principales. Nosotros no nos debemos dejar llevar por esos nervios; probablemente de esas personas habrá más gente dispuesta a ocuparse, así que debemos seguir atendiendo a nuestros invitados con la misma consideración que si fuera el invitado principal.

La prepotencia hay que dejarla en casa. El invitado humilde, algo perdido, que asiste a su primer evento importante. A ese nos dirigiremos ofreciéndole nuestra ayuda pero sin hacerle sentir “paleto”. Sí, nosotras hemos hecho esto muchas veces  y nos causa cierto sonrojo el que llega perdido, dos horas antes con su “señora” y sin saber a dónde dirigirse. Nada de sentirnos superiores. Con la misma amabilidad y consideración y haciéndole sentirse un invitado más.

Y con el invitado prepotente, que esto ya lo ha vivido mil veces, que se conoce su sitio, que quiere entrar antes, que se sienta solo, que es poco agradable y considerado con las azafatas; pues a ese con mucha mano izquierda hay que tratarle amablemente y no contagiarse de su mal humor ni darle lecciones. No estamos para eso.

Estamos para acoger. Para que lo primero que vea un invitado al llegar a un evento no sea una cara bonita, sino una persona que quiere hacerle su estancia más agradable, que quiere darle la bienvenida, que se sienta cómodo, que ese rato pueda ser relajado y tranquilo y para disfrutar.

Pensemos en las azafatas de vuelo con las que compartimos nombre. Pensemos en las que nos gustan. Nos esperan en la puerta del avión con una sonrisa, con un bienvenido. Como  si fuéramos el único pasajero a bordo y entráramos en nuestro avión privado. Ya en ese momento nos hacen sentir más seguros. Y si colaboran en acomodar nuestro equipaje de mano, nos ofrecen bebidas con una sonrisa, atienden nuestras dudas con amabilidad, resuelven nuestros problemas (enlaces de vuelos, puertas de embarque) con eficacia; sin duda habrán hecho nuestro viaje mucho más agradable. Pensemos sin embargo en esa azafata “siesa” que te riñe por colocar el equipaje, que te dice ásperamente que eso no lo puedes poner ahí, que ordena poner la mesita plegada…

En nuestras manos está elegir quién queremos ser. Y no tenemos ninguna duda de que vosotras – y nosotros- queremos que seáis la azafata que haga de cualquier acto o evento ese en el que cuando se vayan a casa se molesten en decirte: “gracias” y su comentario sea “qué azafatas tan agradables”.

 

Anuncios